Enviat per: Grup d'ètica CAMFiC | Novembre 22, 2020

Informe del Comité de Bioética de España (CBE) sobre el final de la vida y la atención en el proceso de morir, en el marco del debate sobre la regulación de la eutanasia: propuestas para la reflexión y la deliberación.

Reflexiones del grupo de ética de la CAMFiC

Con este título el día 30 de septiembre de 2020 el CBE aprobaba por unanimidad un documento de 74 páginas con el título que encabeza la entrada. El grupo de ética de la CAMFiC ya hizo un posicionamiento en 2018 sobre el tema de la eutanasia y un documento sobre acompañar en la muerte en 2012, en los que no plantea las mismas conclusiones que el documento del CBE. Creemos que, por su transcendencia, debían hacerse algunos comentarios, pese a que la extensión del documento hace que no sea posible acotar todos los matices que plantea, pero sí las conclusiones y el hilo conductor del documento.

Respetamos todas las opiniones sobre este tema o cualquier otro, incluso en nuestro grupo las posiciones no siempre son unánimes, hecho que valoramos positivamente, ya que la sociedad es diversa y heterogénea.

El objetivo de base de nuestro documento y entendemos que también del CBE, es cuidar de las personas en todas las circunstancias de la vida. Es en el cómo hacerlo donde divergimos del CBE.

Para situar la posición del CBE, reproducimos íntegramente las conclusiones:

12. CONCLUSIONES

A lo largo de este informe hemos visto que existen sólidas razones para rechazar la transformación de la eutanasia y/o auxilio al suicidio en un derecho subjetivo y en una prestación pública. Y ello no solo por razones del contexto social y sanitario, sino, más allá, por razones de fundamentación ética de la vida, dignidad y autonomía. El deseo de una persona de que un tercero o el propio Estado acabe con su vida, directa o indirectamente, en aquellos casos de gran sufrimiento físico y/o psíquico debe ser siempre mirado con compasión, y atendido con una actuación compasiva eficaz que conduzca a evitar los dolores y procurar una muerte en paz. Sin embargo, tal compasión no consideramos que legitime ética y legalmente una solicitud que, ni encuentra respaldo en una verdadera autonomía, atendido el contexto actual de los cuidados paliativos y sociosanitarios, ni, además, queda limitada en sus efectos al propio espacio privado del individuo. Legalizar la eutanasia y/o auxilio al suicidio supone iniciar un camino de desvalor de la protección de la vida humana cuyas fronteras son harto difíciles de prever, como la experiencia de nuestro entorno nos muestra.

Por otro lado, la eutanasia y/o auxilio al suicidio no son signos de progreso sino un retroceso de la civilización, ya que en un contexto en que el valor de la vida humana con frecuencia se condiciona a criterios de utilidad social, interés económico, responsabilidades familiares y cargas o gasto público, la legalización de la muerte temprana agregaría un nuevo conjunto de problemas.

La mirada compasiva con la que hemos insistido a lo largo del Informe que debe ser apreciada la solicitud del sujeto que pide la eutanasia y/o auxilio al suicidio creemos que ya está recogida normativamente en nuestro Código Penal, y ello explica que en España el ingreso en prisión por actos eutanásicos sea algo no solo insólito, sino desconocido en las últimas décadas. La protección integral y compasiva de la vida nos lleva a proponer la protocolización, en el contexto de la buena praxis médica, del recurso a la sedación paliativa frente a casos específicos de sufrimiento existencial refractario. Ello, junto a la efectiva universalización de los cuidados paliativos y la mejora de las medidas y recursos de apoyo sociosanitario, con especial referencia al apoyo a la enfermedad mental y la discapacidad, debieran constituir, ética y socialmente, el camino a emprender de manera inmediata, y no la de proclamar un derecho a acabar con la propia vida a través de una prestación pública.

Lo dicho, además, cobra aún más sentido tras los terribles acontecimientos que hemos vivido pocos meses atrás, cuando miles de nuestros mayores han fallecido en circunstancias muy alejadas de lo que no solo es una vida digna, sino también de una muerte mínimamente digna. Responder con la eutanasia a la “deuda” que nuestra sociedad ha contraído con nuestros mayores tras tales acontecimientos no parece el auténtico camino al que nos llama una ética del cuidado, de la responsabilidad y la reciprocidad y solidaridad intergeneracional.

En Madrid, a 6 de octubre de 2020.

Contexto actual del debate sobre la eutanasia

El documento afirma que recoge todas las sensibilidades del comité “este Informe aspira a aportar, como ya hemos dicho, elementos para la reflexión, pero ello desde una posición integradora de manera que las diferentes posiciones y sensibilidades presentes en los miembros de un Comité, como el nuestro, necesariamente plural por la función ética y social que le corresponde, tengan cabida. No pretendemos a través del Informe ofrecer la opinión y posición de una mayoría y dejar un espacio de discrepancia particular a la minoría, sino integrar todos los pareceres del Comité, lo que parece haberse logrado de manera muy satisfactoria cuando el Informe ha sido aprobado por la unanimidad de sus miembros”

Es evidente, sin embargo, pese a la afirmación que hacen que no recoge todas las sensibilidades ni sociales, ni, incluso, del colectivo médico. El año 2018 se hicieron encuestas a los colegiados de Bizkaia, Madrid, Tarragona y Las Palmas y como se puede ver en un análisis comparativo la mayoría de las respuestas defienden una regulación de la eutanasia y del suicidio asistido. El informe de Bizkaia cita así mismo encuestas hechas a la población en los últimos años donde se refleja el soporte mayoritario a la regulación.

Cabe mencionar que del mismo modo el año 2005, el Institut Borja de Bioètica publicó un documento donde se posicionaba contra la legalización de la eutanasia pero defendía su despenalización en algunos supuestos con un planteamiento mucho más integrador de posiciones que el del CBE, hecho 15 años después.

El hecho que una posición sea mayoritaria no presupone que sea necesariamente correcta pero lo que es evidente que cuando se debate no se pueden obviar las opiniones de un sector importante de la sociedad y de los profesionales sanitarios.

Cuidados paliativos y eutanasia o suicidio asistido

El documento plantea la falsa dicotomía entre cuidados paliativos y eutanasia, diciendo que, si hay cuidados paliativos, las personas no reclamarán eutanasia.

Esta dicotomía creemos que es errónea y genera confusión. Los cuidados paliativos pueden ser necesarios en muchas patologías y, por tanto, deben formar parte del bagaje de todos los profesionales sanitarios, como lo deben ser las habilidades comunicativas, por ello, deben formar parte de las habilidades de toda clase de profesional sanitario, porque todos morimos, y algunas personas, en el momento final necesitan una atención paliativa. Evidentemente en el caso de la medicina de familia los cuidados paliativos deben estar presentes ya que existen personas que mueren en casa atendidas por sus equipos de referencia y/o equipos de soporte.

Garantizar cuidados paliativos no resuelve todas las situaciones y las peticiones de eutanasia seguirán existiendo en casos como pueden ser, procesos neurodegenerativos progresivos (el último caso mediático lo era).

El CBE defiende la sedación paliativa incluso, con muchas reservas, de forma intermitente en casos que denominan de padecimiento existencial y/o espiritual extremo y refractario. Este apartado del documento es el que parece plantear más dudas sobre el posicionamiento del CBE pero las conclusiones son tan claras que no deja opción para resolver de alguna manera este sufrimiento extremo y refractario.

Otros aspectos del documento

Sobre el tratamiento penal actual

Manifiesta que la ley ya contempla la diferencia del homicidio compasivo y que en los últimos tiempos nadie ha entrado a prisión por este motivo. Con estas observaciones minimizan el sufrimiento de las personas que han ayudado a morir, que incluso aún sin entrar en prisión, han tenido que pasar por los juzgados. De la misma forma el problema judicial existe si es un profesional sanitario quien colabora, aunque no acabe en prisión.

Sobre los riesgos de regular la eutanasia.

El CBE habla del riesgo de la llamada “pendiente resbaladiza”, es decir, que habrá personas que se verán coaccionadas a pedirla y que va contra la vida.

No obstante, esto no significa que no se tenga en cuenta también el mencionado argumento de la “pendiente deslizante fáctica”, pues como se ha argumentado también en la doctrina, el razonamiento profundo que justifica y declara un derecho el acceso al homicidio compasivo tiene una fuerza expansiva en los casos y una tendencia que desdibuja los límites dando lugar a una proporción no despreciable de casos de eutanasias no-voluntarias.

Parece insinuarse por parte del CBE que la existencia de una despenalización y/o legalización abriera una puerta a solicitudes por parte de personas que no se lo habrían planteado nunca.

Así pues, la proclamación del derecho a la eutanasia y/o auxilio al suicidio podría suponer trasladar un mensaje social a las personas con discapacidad, que pueden verse coaccionados, aunque sea silenciosa e indirectamente, a solicitar un final más rápido, al entender que suponen una carga inútil no solo para sus familias, sino para la propia sociedad. Tanto más fuerte será esta presión cuanto más comprometidas sean las circunstancias de la enfermedad, o la precariedad de la atención médica y familiar.

Plantear los riesgos de la regulación (legalización o despenalización) creemos que es bueno. Ahora bien, afirmar que la existencia de esta regulación hará que no se quiera proteger la vida, se vaya a abandonar a las personas mayores y/o discapacitadas es una argumentación poco seria, como tampoco lo son las reiteradas afirmaciones de que es el Estado quien “ejecuta” la eutanasia.

En el documento del grupo ya proponíamos algunas de las condiciones que se deberían tener en cuenta

  1. Respeto a la voluntad de la persona sobre las circunstancias en las que quiere finalizar la vida (la persona siempre debe ser competente en el momento de explicitarlo y se puede concretar a través de su representante si pierde la competencia).
  2. Es preciso, por tanto, siempre un consentimiento informado, y reiterado con todas las garantías para asegurar la comprensión de la dimensión de la decisión.
  3. Asegurar que las personas que toman la decisión de acabar con su vida no lo hacen por falta de recursos para garantizar su cuidado y confort dentro de sus limitaciones.
  4. Asegurar la misma calidad de atención sanitaria para las personas, independientemente de la voluntad que manifiesten.
  5. Actitud de neutralidad de los profesionales sanitarios ante esta situación. Ayudarán, en cualquier caso, a tomar la decisión de forma autónoma (facilitando la información necesaria) y aplicarla de la mejor manera en beneficio del bienestar del paciente.
  6. En caso que la persona decida optar por finalizar voluntariamente la vida, además de asegurar que lo hace (o lo hará) con plena competencia, consciente, informada y libremente, se debe facilitar un tiempo razonable de reflexión que permita reiterar la decisión (o cambiarla).
  7. Se debe garantizar el derecho del paciente a la atención profesional adecuada y el no abandono en ningún caso.

Regular la eutanasia no es cambiar el paradigma del Estado y de los servicios sanitarios que están, como ya hemos dicho al principio para cuidar a las personas y, especialmente de los más desprotegidos.

De hecho, en el mismo documento reconocen que actualmente no hay un objetivo eugenésico en los movimientos que defienden regular la eutanasia:

Somos conscientes de que la eutanasia en nuestros días, aproximadamente desde los años 60 del siglo pasado, no se reivindica como una medida principalmente eugenésica, como sí ocurría en la época anterior a la Segunda Guerra Mundial, sino como una reivindicación vinculada a la autonomía y autorrealización de la persona.

Dos elementos sorprendentes en el documento

El primero de ellos es la mezcla constante entre conceptos éticos y jurídicos que hace difícil entender en qué momento hablan como juristas y en qué momento como comité de ética.

El segundo elemento es que surgen constantes referencias a la COVID19 y las consecuencias de los elevados índices de mortalidad que ha habido en las residencias. Es absolutamente sorprendente que se introduzca un tema que, seguro que tiene relación con la organización y el sistema de atención en las residencias en nuestro Estado, que, seguro que tiene relación con la aparición de un virus nuevo que ha producido una pandemia, que, seguro que tiene relación con el hecho de que en las residencias de ancianos hay ancianos y, por tanto, personas más frágiles que en otros entornos. Y probablemente tiene relación con otros factores, pero lo que también es seguro que no tiene nada que ver con el debate sobre la eutanasia.

Hemos creído necesario hacer estas reflexiones sobre el documento del CBE ya que nuestro grupo ya se había pronunciado sobre el tema hace dos años, para intentar que el debate se mantenga abierto, para enriquecerlo, asumiendo como ya comentábamos en nuestro posicionamiento, que es la sociedad, a través de sus representantes, quien decidirá. Las reflexiones éticas pueden ayudar a mejorar el modo final de la regulación de la eutanasia y el suicidio asistido.


Deixa un comentari

Please log in using one of these methods to post your comment:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google photo

Esteu comentant fent servir el compte Google. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s

Categories

%d bloggers like this: