Enviat per: Grup d'ètica CAMFiC | Octubre 29, 2018

Posicionamiento del grupo de ética de la CAMFiC sobre la proposición de ley para la regulación de la eutanasia

El 9 de mayo de 2018 el pleno del Congreso aprobó tomar en consideración una propuesta de ley para reformar el Código Penal para la regulación de la eutanasia.

El grup d’ètica de la CAMFiC, a instancias de la Junta directiva de la Sociedad, ha elaborado este documento de posicionamiento sobre el derecho de las personas a decidir sobre su final.

El documento no entra en cuestiones que representan otros debates vinculados con el tema como son:

¿Quiénes deben ser los actores que participen y colaboren en un suicidio asistido o eutanasia?

¿Debe considerarse una actividad profesional?

Si es así, ¿cómo se regula el derecho a la objeción?

¿Son precisos cambios en el Código Deontológico?[1]

La posición del grupo

El grupo lo forman personas de pensamientos y sensibilidades diferentes que hace que en algún tema no hay una posición única y así lo asumimos y explicitamos.

Aún así, debemos decir que dentro del grupo es casi unánime la posición favorable a incluir en el orden jurídico la posibilidad de que las personas puedan acabar voluntariamente con su vida (una fórmula puede ser, como en otros países, la despenalización o bien la legalización de la eutanasia y el suicidio asistido). Esta posición mayoritaria basa su razonamiento ético en el derecho de las personas a disponer de su vida de forma autónoma.

Las personas tienen el derecho a ser atendidas, respetando sus convicciones y sus valores.

Las personas tienen derecho a una vida digna, que es un concepto totalmente subjetivo y personal y que puede ser independiente de su estado de salud.

Las personas tienen el derecho a la autonomía y, por tanto, a decidir, incluso sobre su propia vida, incluyendo la decisión de finalizarla voluntariamente.

Y este derecho lo tienen tanto para mantenerla (no pueden ser “eutanasiados”, sin su petición explícita) como para perderla.

Existe, sin embargo, una posición muy minoritaria dentro del grupo que considera que los razonamientos a favor son moralmente inaceptables. Esta posición basa su razonamiento ético en el valor de la vida, como bien superior a la autonomía, de la cual la persona no puede disponer libremente.

Está claro que ambas posturas son irreconciliables y, en una sociedad plural que, además, parece que mayoritariamente está a favor de la despenalización/legalización de la eutanasia y el suicidio asistido, es más que probable que se llegue a la solución de despenalizar/legalizar estas actuaciones en beneficio (y sin perjuicio por la postura contraria) de aquellos que las consideren prácticas moralmente correctas.

Es preciso que la sociedad sea respetuosa (desde el punto de vista legal) con las dos posturas: permita a quien quiera ejercer su derecho a finalizar la vida y respete la decisión de los que creen que esta decisión no les corresponde como individuos.

En todo caso, la despenalización/legalización se ha de hacer con un mínimo de garantías y elementos éticos:

  1. Respeto a la voluntad de la persona sobre las circunstancias en las cuales quiere finalizar la vida (la persona siempre debe ser competente en el momento de explicitarlo y se puede concretar a través de su representante si pierde la competencia).
  2. Es preciso, por tanto, siempre un consentimiento informado, y reiterado, con todas las garantías para asegurar la comprensión de la dimensión de la decisión.
  3. Asegurar que las personas que toma la decisión de acabar con su vida no lo hacen por falta de recursos para garantizar su cuidado y el confort dentro de sus limitaciones.
  4. Asegurar la misma calidad de atención sanitaria para las personas, independientemente de la voluntad que manifiesten.
  5. Actitud de neutralidad de los profesionales sanitarios ante esta situación. Ayudarán, en cualquier caso, a tomar la decisión de forma autónoma (facilitando la información necesaria) y aplicarla de la mejor manera en beneficio del bienestar del paciente.
  6. En caso de que la persona decida optar por finalizar voluntariamente con su vida, además de asegurar que lo hace (o lo hará) con plena competencia, consciente, informada y de forma libre, es preciso facilitar un tiempo razonable de reflexión que permita reiterar la decisión (o cambiarla).
  7. Se debe garantizar el derecho del paciente a la atención profesional adecuada y el no abandono en ningún caso.

En una sociedad compasiva, cuidadosa con las personas vulnerables, el deseo de acabar con la propia existencia debe ser interpretado como la última salida ante un sufrimiento personal inmenso e irreversible.

Ante el sufrimiento sólo cabe la compasión, ¿qué podemos hacer para revertirlo? La pregunta no sólo va dirigida a los profesionales sanitarios, el miedo a la vejez, a la degradación física, a la soledad, a la precariedad económica, no son preguntas para médicos, enfermeras o psicólogos, sino para la sociedad en su conjunto. Como miembros de una comunidad ¿qué podemos hacer para paliarlos?

Actuar sobre los condicionantes sobrepasa la responsabilidad el médico y concierne a la sociedad en su conjunto.

Con independencia de la orientación que los legisladores quieran dar al reconocimiento del derecho a la autonomía del paciente en situación terminal o con grave discapacidad, es imprescindible asegurar una correcta atención a las personas que están llegando al final de su vida: una atención integral paliativa de calidad y digna, desde una perspectiva de recursos materiales, humanos y asegurando la equidad en el acceso. Esta correcta atención se debe dar en cualquier caso, es recomendable que será próxima (liderada por los equipos de atención primaria) y está desvinculada del debate sobre la regulación legal de la eutanasia y el suicidio asistido.

Anexos

  1. Definiciones de conceptos relacionados con la muerta

Eutanasia

Acciones realizadas por otras personas, a petición expresa y reiterada de un paciente que padece un sufrimiento físico o psíquico como consecuencia de una enfermedad incurable y que él vive como inaceptable, indigna i como un mal, para causarle la muerte de manera rápida, eficaz e indolora.

Suicidio asistido o auxilio al suicidio

Es la acción de una persona que padece una enfermedad irreversible para acabar con su vida y que cuenta con la ayuda de alguien que le proporciona los conocimientos y los medios para hacerlo. Cuando la persona que ayuda es el médico, hablamos de suicidio médicamente asistido. Conducta o actuación mediante la cual la persona misma pone fin a su vida con la ayuda de otra, que coopera con actuaciones que no son propiamente la acción directa de causarle la muerte.

Limitación del esfuerzo terapéutico

Actualmente se habla más de adecuación del esfuerzo terapéutico. Es el abandono o no inicio de tratamientos que tengan exclusivamente como finalidad alargar la vida

Obstinación terapéutica

Utilización de tratamientos que no tienen más sentido que la prolongación de la vida biológica del paciente.

Sedación en la agonía (o terminal)

Consiste en la disminución deliberada de la consciencia del paciente con la administración de fármacos que producen sedación profunda, con el objetivo de evitar un sufrimiento insostenible, provocado por síntomas refractarios a otros tratamientos.

La sedación es un recurso terapéutico más i, por ello, éticamente neutro. Lo que hace que sea aceptable o reprobable es el fin que busca y las circunstancias en las que se aplica.

La buena práctica implica conocer las indicaciones: sufrimiento refractario en momentos cercanos a la muerte. Se debe conocer los tipos y dosis de fármacos a usar y ajustar las dosis.

Voluntades anticipadas

Son la expresión de los deseos, prioridades o decisiones de una persona formulados de forma anticipada en previsión que llegue un momento que, la situación de incapacidad en la que se encuentre no le permita manifestarlos.

Despenalizar

Dar a una determinada conducta, hasta este momento castigada por el Código Penal, la categoría de acto permitido por la ley bajo determinados condicionantes y requisitos que, si se incumplen, el acto en cuestión será igualmente castigado.

Legalizar

Dar a una determinada conducta, hasta este momento castigada por el Código Penal, la categoría de acto permitido por la ley, quedando ya fuera de la norma sancionadora a todos los efectos, sin condicionantes ni requisitos. La legalización implica el reconocimiento de un derecho exigible por parte del ciudadano ante los tribunales, y corresponde a una conducta normalizada socialmente.

  1. Un breve repaso histórico

La disponibilidad de la propia vida, incluso para decidir cuándo y cómo acabarla, es el núcleo del debate ético tanto de la eutanasia como del suicidio asistido.

La valoración social sobre la muerte voluntaria cambia a lo largo de la historia y las culturas. Nos centraremos de forma breve en la valoración en la cultura occidental, conscientes que otras culturas (la oriental, Inuit…) puedan tener visiones muy diferentes de la nuestra.

La muerte voluntaria en la cultura griega era considerada como un crimen hasta la aparición de los estoicos, que defienden la posibilidad de “abandonar el teatro de la vida” cuando ésta deja de ser lúcida.

En la Edad Media y hasta el siglo XVIII se rechaza la muerta voluntaria excepto en aquellos casos que significa un sacrificio voluntario para testimoniar la fe (mártires), para salvar la vida de otros o en el caso de las guerras justas.

En el siglo XVIII los empiristas defienden la muerte voluntaria como símbolo de libertad frente a una realidad que encadena, atormenta y desespera. I los existencialistas del siglo XX entienden que la muerte voluntaria es un acto libre y valiente de elección, el último consuelo de un alma atormentada.

También del siglo XX la ética personalista, parte del concepto de persona como un valor único al margen de sus capacidades. Tiene libertad, entendida como responsabilidad sobre sus actos, tiene afectividad y espiritualidad, pero ninguna de estas características se puede separar. Si en nombre de la libertad, aunque sea a uno mismo, se destruye la persona, ya no hay libertad, ni afectividad ni espiritualidad, y ésta es la base del límite de la autonomía. Este razonamiento moral lleva a la ética personalista a rechazar la eutanasia.

En relación a la sociedad, el juicio moral se hace en función de cómo trata a las personas, en un extremo hay las sociedades que eliminan a las personas que ya no son útiles y en el otro las que se vuelcan en ayudar a los más frágiles a vivir de la mejor manera posible

En nuestro entorno actual la situación es de complejidad. Vivimos en una sociedad en la que se enaltece la juventud y la belleza y, al mismo tiempo, la muerte se ha convertido en un tabú. En este mismo entorno la esperanza de vida se ha alargado y el envejecimiento de la población, la acumulación de patología y la fragilidad son ineludibles. Las familias han sufrido un cambio ya que con frecuencia no disponen de tiempo o espacio para cuidar a las persones dependientes i, en el caso de la gente mayor, puede suponer una institucionalización no deseada y un progresivo aislamiento que puede condicionar la pérdida del sentido de la vida

Se ha añadido al debate posiciones que pretenden que las unidades especializadas de curas paliativas evitarán las peticiones de eutanasia, posición que consideramos errónea. El debate es y debe ser social y las razones que llevan a una petición de eutanasia o suicidio asistido no han de ser jamás por falta de atención.

Como médicos de familia nos sentimos interpelados por este sufrimiento y es el núcleo de nuestra misión acompañar nuestros pacientes hasta el final de sus días. Nuestra posición privilegiada de conocimiento longitudinal de los pacientes nos permite conocer sus

valores, su historia personal, su entorno familiar y social. Los médicos de familia ocasionalmente salvamos situaciones de riesgo vital, en otras diagnosticamos procesos en estadios precoces que permiten prolongar la vida, pero, sobre todo, acompañamos en el viaje de la vida a nuestros pacientes, dando consuelo y protección ante la intemperie, más allá de los fármacos, con nuestra presencia.

Por estas razones, los médicos de familia se encuentran en una posición privilegiada para atender a las persones en el final de su vida, “con o sin eutanasia”.

Acceso al documento

 

[1] En el anexo hay un glosario para aclarar conceptos que  a menudo se confunden y también un breve repaso por la historia del pensamiento alrededor del tema.

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