Enviat per: Grup d'ètica CAMFiC | Mai 15, 2018

¡Todos tenemos conflictos de interés!

¡Todos tenemos conflictos de interés!

Esta afirmación tan contundente puede sorprender. Os animamos a llegar al final de la entrada para observar qué opináis cuando acabéis su lectura.

¿Qué entendemos por conflicto de interés? Usamos una definición ya clásica: “Conjunto de condiciones en las cuales el juicio profesional hacia un interés primario tiende a ser excesivamente influido por un interés secundario”[1]

En el congreso de la SEMFYC, celebrado en Barcelona, se pidió a todos los participantes como ponentes que declarasen sus conflictos de interés. Lo celebramos como algo muy positivo.

La presentación de los conflictos por parte de la inmensa mayoría fue una frase que con frecuencia también vemos en algunas guías o en otros ámbitos: Sin conflictos de interés.

No dudamos de la buena fe de los declarantes, pero es preciso aclarar, de forma contundente, que estar vivo está inevitablemente vinculado a tener conflictos de interés ya que estar vivo conlleva tener intereses y, por ello, en un momento determinado, pueden provocar un conflicto.

Otra cosa es que los conflictos que tenemos tengan relevancia para un debate o una cuestión concreta. Pero no es quien declara quien debe decidir si es relevante o no. Lo decidirá quien asiste a la charla o lee la guía.

Probablemente en algunos casos la confusión es por creer que sólo existe conflicto de interés si hay una relación económica con alguna empresa, o incluso, algunas personas lo reducen a estar “subvencionado” directamente. Y conflicto de interés no tiene nada que ver con la corrupción. ¡La corrupción es corrupción!

Pongamos algunos ejemplos para ilustrarlo:

Trabajar en una empresa determinada (sea pública o privada) afecta seguro nuestra manera de ver las cosas cuando hablamos, por ejemplo, de cómo organizar los servicios sanitarios. Probablemente no influye cuando hablamos de una patología determinada. Pero es bueno aclararlo. Por ejemplo, trabajar en una EBA, en el ICS o en una empresa que depende de un hospital puede condicionar la visión de la atención primaria.

Recibir financiación (pública o privada) para realizar una actividad, sea como docente o como alumno condiciona sin duda nuestra visión del financiador y nos hace, por tanto, más susceptibles a aceptar sus mensajes como buenos. Por tanto, hay que declararlo, ya serán los receptores quienes decidan si creen que afecta nuestro juicio. Por ejemplo, haber recibido una beca del ICS o de la camfic puede condicionar o influir en mi visión sobre estas entidades.

Y muchas más situaciones profesionales pueden ser un conflicto de interés. Citemos algunos ejemplos: hacer investigación, ser profesor de universidad, ser socio de una sociedad de medicina de familia o de otra, estar vinculado personalmente o familiarmente a una organización o lobby sanitario, trabajar en un equipo de PADES o de atención domiciliaria, ser un primarista defensor de la sanidad pública…

Tener unas determinadas creencias determina una visión del mundo y de cuestiones vitales (inmigración, sexualidad, final de vida…) que pueden ser determinantes a la hora de exponer o escribir sobre el tema, y conviene explicitarlo.

Pertenecer a un sindicato, partido político, entidad es un conflicto de interés que está claro cuando se abordan temas donde las visiones ideológicas condicionan el posicionamiento. Es precios, entonces, que se haga público.

Y podemos poner más ejemplos alejados de nuestra profesión pero que ayudan a clarificar el concepto:

Tener hijos, o no tenerlos, puede condicionar nuestra visión sobre los recursos educativos y el gasto que hay que invertir en ellos y también, a nivel laboral, nuestra visión sobre la conciliación.

Vivir en un núcleo aislado o en medio de Barcelona condiciona nuestra visión sobre el transporte y las infraestructuras.

Y así podríamos hacer una lista interminable.

Por tanto, una vez asumido que todos tenemos ideología, creencias o actividades que pueden generar conflictos de interés, declarémoslos y que será el público quien valore si pueden haber condicionado aquello que hemos dicho o escrito. A veces declarar conflictos de interés parece algo “malo” pero nos deberíamos acostumbrar a declarar aquellas actividades o creencias que pueden tener relación con el tema que tratamos (ponencia, guía…). Como hemos dicho, todos tenemos intereses por nuestras creencias, actividades, vínculos… que no son ni buenos ni malos, simplemente están ahí; cuando las declaramos sólo exponemos al público aquellas características profesionales que, aunque no lo creamos, tienen alguna relación con la ponencia que hacemos (o la guía) y, por tanto, podrían influir en su contenido.

Es bien sencillo. ¡Hagámoslo, pues!

 

[1] Thompson, D.F.. Understanding financial conflicts of interest, NEJM 329 (1993): 573-76

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Responses

  1. […] en castellano […]


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